miércoles, 7 de abril de 2010

Olvido - Recuerdo



Había una vez un hombre llamado Olvido. Olvido nació en la lejana ciudad de Los Despistados, junto al lago Alzheimer. El pobre creció en un mundo sin reminiscencias del pasado, pero nada le atormentaba porque no tenía memoria. Diez segundos de conciencia se encadenaban con los diez siguientes y luego con otros diez y así sucesivamente, olvidando siempre todo lo acontecido antes de que cualquiera pudiera pronunciar once.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez - olvidado.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez - olvidado.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez - olvidado.

Muchos pensaréis que no puede haber peor desdicha que la de no recordar. Pero, ¿cómo enfrentarse a la tristeza de algo que se desconoce? Olvido era feliz. En cambio, una noche sucedió algo inconcebible: nuestro hombre sin memoria se enamoró de una muchacha llamada Recuerdo a la que nunca pudo borrar de su mente.

Ella era demasiado hermosa para hacerle regresar a su mundo de nadie, de nadas, de ningunos. En ese mismo instante Olvido se vendió a la locura. El pobre lunático se jugó el corazón a una mano de poker, se despojó de sus pieles de hombre cuerdo y se echó la capa de la tristeza por montera. ¡Qué triste era recordarla!

sábado, 6 de marzo de 2010

Versos a ninguna parte



No es en ti, sino en mí, donde empieza y donde acaba este absurdo

No eres tú, no es contigo, es sin ti

Esta bolchevique se retira a orillas de otro mundo

De barcas varadas y de papeles sin resolver

De hastío, de aguas poco profundas

Allí donde el sol no se pone

Y los niños no juegan sino a estar solos

Porque no tienen quien les asista

Igual que no hay sangre en este cuerpo mustio

miércoles, 24 de febrero de 2010

El cerebro, el dibujo y la voz de la conciencia

- No va a salir nada bueno de este post.
- ¿Tú cómo lo sabes?
- Soy su cerebro. Cállate, idiota.
- Y entonces, ¿quién soy yo?
- La voz de su conciencia.
- Pero si soy la voz de su conciencia... entonces soy parte de ti, de ella. Es decir, yo también soy tú, su cerebro.
- No, tú no eres yo, solo eres la voz de su conciencia.
- Pero la conciencia vive en ti...
- Puede, pero no su voz. Así que tú no eres yo. Tú solo eres un sonido. Un sonido imaginario, además. No existes.
- Hmmm.
- Eres inocua, vacía, incompleta. No te manifiestas más allá de mí... pero no eres yo.
- Entonces quiero crecer, convertirme en algo tangible.
¡ESCUCHA, ESCUCHA, DAME FORMA, MATERIA!
- ¡Necia, no grites! Ella no te oye si no es a través de mí.
- ¿Me ayudas?
- ¿Qué quieres?
- Quiero ser un pensamiento...
- ¿Un pensamiento? Ellos tampoco están hechos de materia. Solo yo, su productor, soy sustancia física.
- Entonces quiero ser como tú.
- ¡Imposible, ignorante!
- ¡Oh!
- En cambio, sí puedo convertirte en algo real, tangible.
- ¡¿Cómo?!
- Puedo convertir los pensamientos en hechos, y los hechos en acciones. Las acciones convierten a los pensamientos en cosas materiales.
- No entiendo.
- Si ahora le ordenara a dibujar, ella cogería papel y lápiz y pintaría un bonito cuadro.
- ¡Quiero ser un cuadro! ¡Quiero ser un cuadro!
- ¿Dejarás de molestarme si te convirtiera en un dibujo? Me irritas siempre revoloteando a mi alrededor.
- Sí.
- Bien...
¡PINTA, ES UNA ORDEN!
Ahora no podrás hablar, los dibujos no emiten sonidos, pero eres una bonita sonrisa. Enhorabuena.

domingo, 17 de enero de 2010

Trapecista

Hola:

Venía yo pensando en los pormenores de la vida. Cuando era pequeña quería ser trapecista. Recuerdo perfectamente una redacción de clase en donde teníamos que explicar qué queríamos ser de mayores y por qué. Yo dibujé un trapecio y conté entusiasmada que mi futuro pendía de un columpio. Lo tenía clarísimo: me veía con mis mallas de colores y casada con un domador de leones. En el circo encontraría la felicidad, estaba segura. Si lo del trapecio no daba resultado, quería ser veterinaria o azafata de aviones. Jodido, porque muchos animales me dan alergia y tengo pánico a volar. Al fin y al cabo, parece que lo del circo no era tan descabellado... Pero no, no me hice trapecista, sino periodista. Tampoco me casé con un domador de leones, pero sí salgo con una fierecilla.




Cuando uno imagina su futuro casi nunca acierta. ¿Qué será de mí dentro de diez años? Si pudiera elegir, pediría un único deseo: seguir rodeada de la gente a la que de verdad quiero sin dejarme a nadie más por el camino.

Pero volvamos al trapecio. Si echo la vista atrás todo me parece rodado en blanco y negro. Soy espectadora de mi propia vida. Imagino un redoble de tambores y... ¡salto! Un doble salto mortal: peligroso, pero gratificante, como la vida. Quizá de pequeña era más dueña de mis actos que ahora, porque entonces me atrevía a volar, a soñar y a esperar que todo fuera posible.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Felices fiestas



¿Has pensado alguna vez qué deseo pedirías si tuvieras una lámpara mágica? Llega la Navidad y con ella nos volvemos más blanditos y tolerantes (más estúpidos, al fin y al cabo): los niños nos parecen más adorables, los pobres nos dan más pena y hasta las suegras nos caen mejor. El espíritu de cursilería se extiende más deprisa que la gripe A y, ¡oh, contra eso no hay vacuna que valga! Este estado de imbecilidad transitoria, que comienza sobre el 20 de diciembre y termina el 7 de enero, parece venir acompañado de un afán obsesivo compulsivo por consumir. Este anhelo exacerbado de consumismo nos lleva a todos a la más absoluta ruina, pero no pasa nada porque… ¡es Navidad!

Come, bebe, sonríe, diviértete y baila al son de la banda sonora del mes de diciembre: “El Tamborilero” de Camilo Sesto – que no se te olvide darle un toque de glamour casposo a las fiestas, que estamos en España… –. Como cada año, abrirás los regalos esperando que tu pareja haya captado por fin las indirectas que llevas repitiéndole desde agosto. Las manos te tiemblan, el papel no se rompe y todos te miran. Por fin consigues abrirlo: "pero.. ¿qué coño es esto?" Intentas cambiar el semblante, pero el rictus amable de la Nochebuena te lo impide. ¡Horror! Prepárate, esto no ha hecho más que empezar…

¿Has pensado alguna vez qué deseo pedirías si tuvieras una lámpara mágica? Efectivamente, llega la Navidad y efectivamente, con ella nos volvemos más blanditos y tolerantes (mucho más estúpidos). Y os aseguro que ni los niños son más adorables, ni los pobres son más pobres y mucho menos, las suegras más amables… ¡Quiero mi deseo: volvamos al 19 de diciembre, cuando mi sonrisa era mía y no un simple adorno navideño!



Feliz Navidad a todos, señores y señoras.

martes, 22 de diciembre de 2009

La pulga y el tiempo



Bastó un ínfimo microsegundo para que la diminuta pulga saltara desde el huevo hasta el corto pelaje de Chico. El perro enano sintió la concisa mordedura de unos minúsculos dientes y soltó un pusilánime ladrido. Fue tan bajo el quejido que su dueño, el niño canijo del pueblo no alcanzó a escucharlo. La insignificante picadura de la pequeña pulga apenas irritó al raquítico perro. Chico alzó su pata para rascarse y el timorato insecto lanzó un lacónico suspiro. La pulga echó la vista atrás y toda su menuda vida pasó ante sus ojos. ¡Una minúscula eternidad!

Bondades de la talla y el tiempo: a menor tamaño, mayores parecen los momentos.

martes, 8 de diciembre de 2009

Tus cuatro estaciones



Frases de ti me devoran
dulces, como la fruta en primavera.
Voces que cantan dentro de mí
cálidas, como el sol en verano.
Caricias que caen sobre mi cuello
ondulantes, como las hojas en otoño.
Mariposas que bailan en el jardín
blancas, como la nieve en invierno.

Y con tus cuatro estaciones:
tus frases de primavera,
tus voces de verano,
tus caricias de otoño
y tus mariposas de invierno,
el mundo gira, coloreado y sonriente,
feliz de tenerte en cada elemento.